Tengo ganas de perderme. De no poner mas excusas, de no buscar mas pretextos. Tengo ganas de sentirme libre y feliz y de sonreír a cada minuto. De levantarme de cama, abrir la ventana y encontrar una preciosa playa. De pasear, de leer, de jugar con las olas y mecerme en una hamaca. Tengo ganas de no preocuparme por lo que pueda pasar, de dejar que las cosas surjan.
¿Sabes? Tengo ganas de perderme en tu mirada durante minutos, horas. De sonreír, de sentir. Porque se que si me pierdo en conversaciones estúpidas es porque necesito seguir hablando contigo. Porque necesito descifrar la verdad que se encuentra en tu mirada. Porque, ya sea por el champagne, por las luces de la habitación, o por tus ojos verdes de ciencia ficción tengo muy claro que esta noche moriría por vos, como bien dijo Amaral. Además ¿a quien le importa el riesgo? De eso trata la libertad, de arriesgarse. De saltar aún sin saber que hay al otro lado. Y de eso trata el amor. De arriesgarse. De creer que vale la pena, de tener una corazonada estúpida que te lleve a sabe dios donde. Y que te de igual.
Las 4 de la mañana. Y yo sigo con mi cabeza en otro lugar. En una ciudad de la Ribera Maya, en una playa de aguas azules, y no delante de todos estos apuntes que no tienen sentido en mi cabeza. Y lo peor no es eso, no. Lo peor es que tu estas conmigo. Y entonces me doy cuenta de que te echo de menos, de que necesito que me atiendas justo ahora. Que pena que sean las 4 de la mañana en mi casa, y este todo lleno de papeles que debería tirar a la basura y no las 4 de la mañana en cualquier calle de la zona vieja de Santiago. Pero así son las cosas. A veces no puedes dormir porque tienes que estudiar. Y a veces no puedes estudiar porque no puedes dejar de pensar.
Y después de esto, solo me queda acertar. Apuntar, tirar y acertar. ¿Será difícil? Seguro que si, pero ¿imposible? Lo dudo. Lo dudo mucho. Así que yo me arriesgo.
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